Decidir con el Futuro en Mente: El Verdadero Rol del CEO y la Junta en la Creación de Valor

En mi experiencia dirigiendo y asesorando empresas he comprobado una y otra vez que la clave fundamental del éxito no radica en lograr solo resultados inmediatos, sino en tener siempre claro cuál es el objetivo último que se quiere alcanzar a largo plazo.

Esta máxima, aunque pueda parecer obvia, se pierde con frecuencia en la vorágine del día a día, especialmente cuando las presiones del mercado exigen respuestas rápidas y resultados trimestrales contundentes.

La sostenibilidad a largo plazo debe ser el principal objetivo de toda organización, pequeña o grande. El cortoplacismo puede dar éxitos efímeros, pero sacrifica la capacidad de la empresa para adaptarse, crecer y prosperar en un futuro lleno de incertidumbres. La supervivencia futura, por tanto, es tan o más relevante que cualquier resultado inmediato.

Para mantener siempre el foco en este horizonte estratégico, es indispensable tener claro cuál es el objetivo primordial que persiguen los accionistas: ¿generar renta continua a través de dividendos u otros mecanismos de distribución, o preparar la empresa para un «exit» exitoso a futuro? Si la meta es generar renta o dividendos a los accionistas, cada decisión debe estar orientada a eso, tanto a corto como a largo plazo, ya que hay que evitar que el pan para hoy sea el hambre para mañana. Si la meta es un exit, cada decisión tomada en la empresa debe estar alineada a la creación de valor, bien sea incrementando EBITDA, número de usuarios, ingresos recurrentes, valor de marca, diferenciación tecnológica o número de clientes, entre otros, y cuidando el uso del dinero de los inversionistas sucesivos y/o de las utilidades retenidas.

Sin embargo, esta alineación estratégica no ocurre por casualidad. Requiere un compromiso firme de todos los accionistas, una planificación estratégica sólida y claramente definida, y un Balanced Scorecard robusto que permita monitorear los KPIs críticos que conducen al objetivo último planteado. Estos elementos constituyen el marco que guía todas las decisiones y asegura que se mantenga siempre presente el fin último de la organización.

No obstante, la rigidez es enemiga del éxito empresarial. Los mercados son dinámicos y las circunstancias pueden cambiar de manera inesperada. Ante estos cambios, es imprescindible mantener flexibilidad en las estrategias operativas, siempre y cuando estas modificaciones estén alineadas y orientadas al objetivo estratégico principal.